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mayo 2008 |
A
Madre Carmen, de una antigua alumna
y profesora del colegio |
| Hoy, como antiguas
alumnas, queremos recordar los años vividos
en nuestro colegio, los recuerdos pasean por nuestras
mentes, deseosos de salir a la luz. Y así,
vemos como en nosotros apareció hace ya bastantes
años, una estrella, con una luz tan fuerte
que ya no hemos podido perderla de vista. ¿Quién
no siente la necesidad de una estrella que nos guíe
a lo largo del camino? Todos tenemos necesidad de
esa luz que ilumine nuestra vida. Algunos la encuentran
y no se sienten con fuerzas para seguirla, otros
en cambio, llenos de audacia, se ponen en camino
y van tras ella. |
| Nuestra estrella
se llama Madre Carmen. Empezamos a conocerla desde
muy pequeñas. Las monjas del colegio nos
hablaban de ella y descubrimos a una mujer luchadora,
a una mujer íntegra, a una mujer maravillosa
que se entregaba día a día a los demás;
que se crecía en las dificultades de la vida
porque veía en ellas la voluntad de Dios. |
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| A Madre Carmen
la hemos sentido siempre a nuestro lado, acompañándonos
en nuestro caminar, en los momentos buenos, y en
los menos buenos, pero su ejemplo, su manera de
enfrentarse a las dificultades nos daban fuerzas
para seguir adelante. Su luz no nos dejaba nunca
a oscuras, a pesar de los negros nubarrones que
aparecían a nuestro alrededor, Madre Carmen
estaba siempre en el cielo de nuestra vida, llevándonos
hacia Dios, nuestro fin último, nuestra meta
definitiva, ¡Dios!, el gran AMOR de Madre
Carmen, ¡Qué bueno tu ejemplo de vida!
¡Al igual que María querías
cumplir siempre lo que Dios te pedía! Transmitiste
todos tus pensamientos, todos tus proyectos, todas
tus ilusiones a las hermanas franciscanas que te
siguieron y nos enseñaron a conocerte a ti
y a tu obra que se expande día a día
en un universo de amor a los demás |
| ¡Qué
suerte hemos tenido los palmeños con que
te fijaras en nosotros! ¡Qué suerte
tener nuestro colegio! ¡Qué suerte
tener a nuestras monjas! ¡Qué suerte
haber sido antigua alumna y profesora después!
¡Gracias Madre Carmen
por todo!. |
| Gracias
por ayudarnos a educar a los jóvenes palmeños
con tu espíritu, con el espíritu franciscano
que nos hace levantar los ojos al cielo para repetir
al igual que tú: ¡Bendito
sea Dios que tanto nos quiere! |
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