15 noviembre 2010
«Dios nos da niños especiales
a padres especiales...»
El día después en el Niño Dios...
No deberíamos olvidar nunca que el Santo Padre,
Benedicto XVI, vino a visitarnos
al Niño Dios.
Y no deberíamos olvidar tampoco las palabras con las que se despidió y el sentimiento con el que las dijo:
«Queridos niños y jóvenes, me despido de vosotros dando gracias a Dios por vuestras vidas, tan preciosas a sus ojos, y asegurándoos que ocupáis un lugar muy importante en el corazón del Papa.
Rezo por vosotros todos los días y os ruego que me ayudéis con vuestra oración a cumplir con fidelidad la misión que Cristo me ha encomendado. No me olvido tampoco de orar por los que están al servicio de los que sufren, trabajando incansablemente para que las personas con discapacidades puedan ocupar su justo lugar en la sociedad y no sean marginadas a causa de sus limitaciones...»
Quiero recordar ahora, y escribir de nuevo, un breve relato del Calendario de Adviento del año pasado, que es una adaptación de una dulce historia de autor desconocido: «Los Ángeles están en la tierra» y que yo la titulé: «Una estrellita de caramelo...»
Gracias a todos por vuestro trabajo y dedicación
en «el día después...»
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«Una estrellita de caramelo...»
Dios estaba en el cielo, mirando como actuaban los hombres en la tierra. Entre ellos reinaba la desolación.
¡Mas de 6.000.000.000 de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del Amor! Suspiró el Señor.
El Padre vio a tantos hermanos en guerra, esposos y esposas que no completaban sus carencias, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados, que un buen día reunió a su ejército de ángeles y les dijo:
¡Observen a los seres humanos!... ¡Necesitan ayuda! Tendréis que bajar vosotros a la tierra...
Cuando creé al hombre, lo hice a imagen y semejanza mía, le di talentos especiales a cada uno. Permití las diferencias entre ellos para que juntos formasen mi Reino. Así lo planeé... unos alcanzarían riquezas para compartir con los pobres... otros gozarían de buena salud para cuidar a los enfermos... unos serían sabios y otros muy simples…
Como los hombres se han olvidado que los hice distintos para que se complementasen unos a otros, como no se han dado cuenta que los quiero diferentes para alcanzar la perfección, bajaréis vosotros con francas distinciones...
Y les encomendó a cada uno su tarea:
—Tú tendrás memoria y concentración de excelencia: serás ciego.
—Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte: serás sordomudo.
—Tú tendrás pensamientos profundos, escribirás libros, serás poeta, pero padecerás parálisis.
—A ti, te daré el don del amor. Habrá muchos otros como tú en toda la tierra y no habrá distinción de raza porque tendréis la cara, los ojos, las manos y el cuerpo como si fueran hermanos de sangre: serás un niño con síndrome de Down.
—Tú, disfrutarás la creación tal como la planeé para los hombres, tendrás discapacidad intelectual; y mientras otros se preocupan por los avances científicos y tecnológicos, tú disfrutarás mirando una hormiga, una flor... serás feliz, muy feliz! porque amarás a todos y no emitirás juicio de ninguno.
—Tú, vivirás en la tierra, pero tu mente se mantendrá en el cielo, preferirás escuchar mi voz a la de los hombres: serás autista.
Al último ángel le dijo:
Serás una niña preciosa, de alegre sonrisa… pero tendrás la piel débil, todo tu cuerpo estará completamente lleno de escamas como las de un pez. Serás mirada y admirada por lo que se ve y por lo que no se ve. Padecerás una enfermedad genética llamada Ictiosis.
Los ángeles se sintieron felices con la distinción del Señor, pero les causaba pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión...
—¿Cuánto tiempo viviremos sin verte? ¿Cuánto tiempo lejos de ti?
—No temáis, estaré con vosotros todos los días... Seréis mis estrellitas de caramelo. Esto durara entre 60 y 80 años terrenos.
—Será como tú dices Padre; 80 años son un instante en el reloj eterno, dijeron los ángeles al unísono y bajaron a la tierra emocionados.
Cada uno llegó al vientre de una mamá. Allí se formaron durante 6, 7, 8 o 9 meses. Al nacer fueron recibidos con miedo y angustia.
Algunos padres rehusaron la tarea, otros la asumieron enojados, otros se echaron culpas hasta disolver su matrimonio y otros pocos lloraron con amor y aceptaron la tarea.
Sea cual fuere el caso, como los ángeles saben su misión y sus virtudes son: la fe, la esperanza y la caridad, han sabido perdonar y con paciencia pasan la vida iluminando a todo aquel que los ha querido amar.
Siguen bajando ángeles a la tierra con espíritus superiores en cuerpos limitados, estrellitas de caramelo que seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta. Dios quiere que estén entre nosotros para damos la oportunidad de trabajar con ellos y aprender de ellos.
Y trabajar es: servir. Servir es vivir y vivir es amar, porque la vida se nos dio para eso...
—«El que no vive para servir no sirve para vivir.»
—«Padre ¿Quién pecó para que éste naciera ciego? ¿Él o sus padres?
— Ni él ni sus padres, nació así para que se vieran en él las obras de Dios.
¿Cómo se puede decir no quiero cuando te regalan una estrellita de caramelo?
Adaptación de una dulce historia de autor desconocido titulada:
"Los Ángeles están en la tierra".
«Tened mucha caridad con esos angelitos»
Madre Carmen del Niño Jesús