El día 31 de mayo a las 6:45h. nos dimos cita todo el Colegio. Al amanecer poco a poco se llena la entrada del patio con flores, bonitos vestidos, y sonrisas de alba. Bajo el manto de la Virgen de nuestro Colegio María Inmaculada recorremos las calles y jardines obsequiándola con el rezo del Rosario de la Aurora: cantos y oraciones, peticiones y acciones de gracias, emoción y llanto. Alumnos de Bachillerato y algunos profesores pueden llevar esta “carga santa” sobre sus hombros.
Preciosa, María, fue caminando, Señora y Esclava, como Virgen de la Visitación, —siempre dispuesta al servicio—, con su Colegio, como siempre hace, como cada día, como a cada hora que camina con nosotros, acompasando sus pasos a los nuestros tomándonos alguna vez, si es necesario, en sus brazos. Pero esta vez ha sido distinto: siempre es Ella la que nos lleva, sin embargo este 31 de mayo tan especial hemos sido nosotros los que por un momento nos parece que hemos aliviado sus pies llevándola.
2.º de Bachillerato se consagra a Ella. Los corazones y las miradas se levantan… Así terminan su itinerario en el Colegio: ¡Madre, ruega siempre por tus hijos, de hoy, de ayer y de mañana… de tu Colegio María Inmaculada!
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