El señor nos bendice siempre.
“El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su faz y tenga misericordia de ti.
Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz. El Señor te bendiga, hermano.”
Francisco de Asís vivió en continua bendición y fue una auténtica bendición: para sus hermanos, para sus coetáneos, para la Iglesia, para nosotros.
Hoy hemos celebrado el día de nuestro colegio. Ha sido un día repleto de alegría y de auténtica convivencia, ese contacto que nos hace más humanos y más hermanos en este mundo a veces rebosante de frialdad y de egoísmo.
¿Nuestro punto de unión? Francisco de Asís, el juglar de Dios.
Una celebración inicial, recorriendo todos los pasos del santo en su peregrinar en la tierra, unos juegos recordándonos lo más significativo de la vida de Francisco, un recital de música y poesía viviendo la paz y la armonía de lo que nos rodea, unas películas conociendo más a fondo la santidad del pobre de Dios, unas competiciones para poner en práctica la oración sobre la paz atribuida al santo… nos han llevado a decir:
“Alabado seas, mi Señor, por todas las personas que trabajan en mi colegio: por mis compañeros, por mis profesores, por las hermanas, por el personal de servicio, por… cada una de las paredes que rodean mi día minuto a minuto… Alabado seas, mi Señor”.
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