Fijar los ojos en el Traspasado y desde su Corazón leer la carta de amor más hermosa que se ha podido escribir jamás.
Palabras que hablan de ofrecer consuelo, de salir de uno mismo, de abrazarse a la cruz, de prodigar perdón… de dar la vida.
Eso es lo que queremos contemplar y orar cuando hacemos el Viacrucis.
Como nos invita el Papa en esta Cuaresma, detengámonos cada día en una estación para abrirnos al amor de Dios manifestado en Cristo Crucificado y dejarnos contagiar por sus sentimientos.
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