Nos preparamos para recorrer el camino de la Cruz. Acompañamos a Jesús en su itinerario hasta el Calvario. Fuimos reflexionando cada paso, cada encuentro, cada gesto, cada palabra, para aprender de su Amor infinito. Volvimos a palpar su Misericordia entrañable.
Y en este seguir a Jesús, volvimos a dejarnos amar por Él. A Él le pedimos que este Amor se derrame también a través nuestro en todos los que nos rodean.
A la Virgen la acompañamos y a su lado sabíamos que aprenderíamos a guardar, como Ella, todas estas cosas en nuestro corazón para hacerlas VIDA.
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